RISARALDA MERECE TENER UNA SENADORA QUE LA CUIDE
- Equipo Maria Irma

- 27 ene
- 2 Min. de lectura

Las próximas elecciones al Congreso de la República abren una oportunidad esperanzadora para Colombia y, de manera muy especial, para el Eje Cafetero. Es un momento para mirar hacia adelante y decidir qué tipo de representación queremos en el Senado: una que escuche, que gestione y que cuide a las personas y a los territorios.
El Senado es un espacio clave donde se toman decisiones que impactan directamente la vida de las familias: la seguridad, el empleo, la salud, la educación y el desarrollo regional. Por eso, hoy más que nunca, resulta fundamental que quienes lleguen allí conozcan de cerca las realidades de sus regiones y tengan la capacidad de representarlas con amor, compromiso, responsabilidad y sensibilidad social.
El próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, será también la fecha de las elecciones al Senado y a la Cámara de Representantes. Una coincidencia profundamente simbólica que invita a reflexionar sobre el valor de la mirada femenina en los escenarios de decisión y sobre la importancia de avanzar hacia una representación más cercana, equilibrada y humana.
Risaralda, el Quindío y Caldas merecen una senadora que los cuide. Que cuide a las familias, gestionando oportunidades reales para mejorar su calidad de vida. Que cuide a las mujeres, fortaleciendo su autonomía, su seguridad y su acceso a oportunidades. Que cuide al territorio, llevando la voz de la región al Congreso y asegurando que lleguen recursos, proyectos y soluciones.
La participación de las mujeres en la política ha venido creciendo, y ese avance es motivo de orgullo. Hemos avanzado, sí, pero aún falta mucho. En las elecciones de 2022, las mujeres alcanzaron apenas el 29,15 % de representación en el Congreso. En el Senado, solo 32 curules fueron ocupadas por mujeres, y ninguna de ellas representó al Eje Cafetero. Esa realidad no puede seguir repitiéndose.
El reto ahora es seguir sumando liderazgos femeninos con arraigo regional, capacidad de gestión y vocación de servicio, que trabajen de manera decidida por el bienestar colectivo y el desarrollo del país desde los territorios.
Mi decisión de aspirar al Senado nace del amor por esta tierra y del trabajo que durante años he desarrollado con comunidades, emprendedores, jóvenes y, especialmente, con mujeres que buscan herramientas para salir adelante. Creo firmemente en el poder transformador de las oportunidades y en la capacidad de nuestra gente para construir un mejor futuro cuando cuenta con respaldo y acompañamiento.
El Eje Cafetero es una región estratégica para Colombia: productiva, trabajadora y fundamental para el desarrollo económico y social del país. Por eso merece una representación constante, comprometida y cercana, que defienda sus intereses y potencie todo su talento.
Mi compromiso es trabajar sin descanso para que esta región tenga una voz clara y fuerte en el Senado: una voz que cuide, que gestione y que construya. Una representación basada en el respeto, el diálogo y los resultados.
Porque cuando una región se siente representada, avanza. porque cuando una Senadora cuida a su gente, el futuro se construye mejor. Porque el Eje Cafetero merece tener una senadora que lo cuide.





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