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CUANDO EL AMOR SE CONVIERTE EN POLÍTICA PÚBLICA: EL EJEMPLO DE PEREIRA PARA COLOMBIA

  • Foto del escritor: Equipo Maria Irma
    Equipo Maria Irma
  • 27 ene
  • 2 Min. de lectura

En cuestión de días, nuestro país nos ha mostrado señales claras de transformación: el castigo a quienes actúan en contra de nuestros peluditos y la fuerza de un cambio cultural imparable. La primera aplicación de la Ley Ángel en Bogotá —que envió hace un par de días a prisión a un hombre acusado de abusar sexualmente de perritas en Ciudad Bolívar— marcó un precedente histórico. Hoy podemos afirmar que en Colombia la justicia comienza a ponerse del lado de los animales, reconociendo que su dignidad también merece protección.

 

Pero la verdadera fuerza de este logro no está solo en las leyes, sino en lo que hemos sido capaces de construir desde los territorios. En Pereira demostramos que sí se puede soñar y hacer realidad proyectos que parecían imposibles. Hace algunos años, junto a mi esposo, imaginamos una ciudad en la que los animales tuvieran acceso a servicios veterinarios dignos y gratuitos. Ese sueño tomó forma cuando, como alcalde, él y su equipo lograron crear la primera red pública veterinaria de Suramérica.

 

El resultado habla por sí solo: en apenas su primer año, más de 84.000 peluditos han recibido atención veterinaria de calidad. No se trata de cifras frías, sino de miles de historias de vida que cambiaron: perros y gatos que fueron atendidos, familias que encontraron apoyo, comunidades que entendieron que los animales son parte del bienestar colectivo. Pereira dejó de hablar de buenas intenciones y se convirtió en un referente continental de cómo la voluntad política y el amor por los animales pueden transformar realidades.

 

Y esa es la lección que queremos compartir con Colombia entera: los sueños de dignidad animal no son utopías, son metas alcanzables. Hoy ya no basta con indignarnos frente al maltrato; nos corresponde ser protagonistas de una nueva realidad. La justicia empieza a castigar, pero la ciudadanía, las familias y las ciudades tenemos la tarea de construir espacios donde los animales sean tratados con respeto, cuidado y amor.

 

Colombia avanza hacia una nueva ética, y Pereira es prueba de ello. Porque un país que aprende a cuidar de quienes no tienen voz, es un país que se cuida a sí mismo. Y porque cuando el amor se convierte en política pública, los milagros dejan de ser excepciones para convertirse en derechos.

 

Hoy podemos decirlo con esperanza y orgullo: la dignidad animal ya no es un sueño lejano. Es una realidad que se escribe en Pereira, que se extiende por Colombia y que, paso a paso, nos acerca al país justo, lleno de amor y compasivo que todos anhelamos.

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