EDUCAR PARA LA EMPATÍA
- Equipo Maria Irma

- 27 ene
- 2 Min. de lectura

Por: María Irma
A los miembros de mi familia, la causa de los peluditos nos llena el corazón. Crecí viendo cómo el amor por los animales se convertía en una forma de vida, en un compromiso real con el respeto y la compasión. Recuerdo con profundo orgullo cuando mi esposo, hoy alcalde de Pereira, en su paso por el Congreso, fue uno de los pioneros de la Ley de Maltrato Animal. Aquella fue una conquista que abrió caminos, sembró conciencia y marcó una huella en la historia de la protección animal en Colombia.
Esa semilla hoy florece con fuerza. Por eso celebramos la aprobación de la Ley Empatía, que incorpora la educación sobre protección y el bienestar animal en los colegios. Es una victoria para todos los que creemos que nuestras instituciones educativas no solo deben formar profesionales, sino también seres humanos sensibles, respetuosos y conscientes del valor de la vida.
He tenido la fortuna de acompañar esta causa desde distintos escenarios, y uno de los logros que más me enorgullece es la creación del primer Hospital Público Veterinario de Colombia, una realidad que nació en Pereira y que hoy ha brindado más de 80.000 atenciones a nuestros peluditos. Cada historia allí contada por las familias pereiranas, es una muestra de que cuando el amor se traduce en acción, la política se convierte en servicio y la compasión se vuelve transformación.
Educar en empatía es sembrar futuro. Es enseñar a las nuevas generaciones que cuidar a un animal también es cuidar el planeta, la convivencia y la paz. Porque quien aprende a amar sin condiciones, aprende a construir un mundo más justo y más humano.
Celebro esta noticia con esperanza. Porque una Colombia que enseña empatía en las aulas, está formando ciudadanos más sensibles, comunidades más solidarias y un país más consciente de que toda vida importa.
Que esta nueva ley nos inspire a seguir caminando con ternura, responsabilidad y amor por cada ser que habita este mundo.





Comentarios