ENCIENDO 99 VELITAS… Y LA QUE FALTA, LA ENCIENDES TÚ
- Equipo Maria Irma

- 27 ene
- 3 Min. de lectura

Este fin de semana, como cada 7 y 8 de diciembre, Colombia se ilumina. El Día de las Velitas es una tradición que atraviesa nuestra identidad: la calle se vuelve hogar, la familia se vuelve país, y la luz se convierte en promesa.
Yo quiero encender 99 velitas, una por cada una de las causas, personas y territorios que mantienen vivo el espíritu de este país. Y la número 100, la que completa el círculo, la prendes tú.
Enciendo estas velitas no solo para agradecer, sino para afirmar algo que he visto en los recorridos, en las veredas, en los barrios, en los parques, en los negocios que sobreviven a punta de coraje, en las madres que sostienen familias enteras, en cada joven que sueña con estudiar: Colombia todavía cree en la luz.
La primera velita es para las familias, el corazón de todo.
Más del 68 % de los hogares colombianos están encabezados por mujeres que trabajan, cuidan, emprenden y sostienen; familias que necesitan seguridad real, oportunidades de estudio y la tranquilidad de saber que crecerán en un país más justo.
Por ellas, por sus hijos, por los abuelos que cuidan, prendo esta velita.
Una velita para las mujeres, que hoy lideran más del 53 % de los nuevos emprendimientos en el país.
Mujeres que hacen mercado a las 6 a.m. y a las 10 p.m. están enviando facturas; mujeres que se abren camino en cargos públicos, en juntas, en empresas, en obras sociales.
Ellas son presencia, son motor, son futuro.
Una velita para los emprendedores, que representan el 99.6 % del tejido empresarial colombiano.
Son quienes arriesgan sin garantías, quienes abren un local, quienes pagan impuestos, quienes contratan jóvenes, quienes apuestan por un país que a veces parece no apostar suficiente por ellos. La luz de esta velita es una forma de decirles: no están solos.
Una velita para los niños y niñas, especialmente los de zonas vulnerables, donde en algunos municipios más del 35 % enfrenta barreras de salud visual que afectan su aprendizaje.
Cada vez que un niño recibe unas gafitas, una consulta, una oportunidad, no solo ve mejor… ve un país más grande.
Una velita para nuestros jóvenes, que hoy lidian con cifras de desempleo que duplican las de los adultos.
Ellos no quieren favores: quieren herramientas. Educación financiera en los colegios, créditos estudiantiles que sí sean pagables, prácticas dignas, becas reales. Por ellos, prendo una luz que no debe apagarse.
Una velita para los peluditos y el bienestar animal, porque las cifras de maltrato y abandono aún duelen. Un país que cuida a sus animales es un país que cuida su humanidad.
Una velita para los territorios rurales, donde aún hay caminos que esperan pavimento, madres que caminan horas para acceder a salud, campesinos que producen el alimento del país sin recibir un ingreso digno. La luz también tiene que llegar allá.
Una velita para Pereira y para Risaralda, que han demostrado que cuando la gente se une, la transformación es real.
Pero también para cada región del país que necesita una voz que escuche, que recorra, que entienda, que conecte.
Y así, una a una, yo enciendo 99 velitas. Cada una es una causa, un sueño, un compromiso.
Cada velita refleja algo que ya hemos construido, algo que estamos construyendo y algo que Colombia puede construir si mantiene viva la voluntad de cuidar.
Pero ninguna luz es completa si no viene acompañada de otras.
Por eso, la última velita, La que falta la enciendes tú.
Tú, que crees en un país que se abraza.
Tú, que quieres oportunidades para tus hijos.
Tú, que sabes que la política puede ser humana, cercana, útil.
Tú, que quieres que las causas de la gente se conviertan en agenda pública.





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